Cuando hablas de liderazgo desde la experiencia, es fácil contar solo los aciertos. Los proyectos que salieron bien, los equipos que crecieron, las empresas que volvieron a ponerse en marcha. Pero nosotros hemos aprendido más de nuestros errores que de nuestros aciertos. Y creemos que contarlos genera más confianza que cualquier logro.
Así que aquí van. Sin adornos.
Error 1: delegar con prisa
En nuestros inicios, delegamos demasiado rápido. Teníamos claro que un buen líder no lo hace todo él, y quisimos aplicarlo desde el primer día. Entregamos tareas importantes a personas que no estaban preparadas técnicamente, o que no lo estaban para la intensidad, la implicación o la constancia que esas tareas exigían.
Los resultados fueron claramente negativos. Y la culpa no fue de esas personas. Fue nuestra, por no haber mirado antes si tenían lo que hacía falta.
Lo que cambiamos: ahora, antes de delegar, comprobamos dos cosas: que la persona sabe hacerlo y que tiene la energía para sostenerlo. Y le damos todo el conocimiento que tenemos, sin guardarnos nada.
Error 2: decidir tan rápido que nadie más decidía
Siempre hemos tenido mucho impulso. Decidimos rápido y nos gusta que las cosas pasen. Durante un tiempo pensamos que eso era solo una virtud.
Hasta que nos dimos cuenta de que nuestra velocidad tenía un efecto secundario: el equipo esperaba a que decidiéramos nosotros. Las personas, muchas veces, tienen miedo de decidir. Y si a su lado tienen a alguien que lo hace sin dudar, es muy cómodo esperar.
Lo que cambiamos: aprendimos a frenar un segundo antes de responder y a preguntar primero: «¿Tú qué harías?». Y a dejar claro que el error se tolera. Si no, nadie se arriesga.
Error 3: aplicar el mismo estilo a todos los equipos
Nuestro estilo natural es colaborativo. Nos gusta que la gente participe, proponga y crezca. Y lo aplicamos también con un equipo de producción. El resultado fue que se perdió el foco en el trabajo diario que había que sacar adelante.
Lo que cambiamos: entendimos que el estilo se elige por el equipo y por el momento, no por gusto. En producción, el qué de cada día tiene que estar claro y sin debate; la participación tiene su espacio, pero en su momento.
Error 4: creer que hacerlo nosotros era más rápido
Es el error más común de cualquier jefe nuevo, y nosotros no fuimos una excepción. «Lo hago yo y acabo antes.» Es verdad, la primera vez. La décima, ya no. Cada tarea que no enseñas la vas a seguir haciendo tú durante años.
La prueba de que estábamos equivocados llegó mucho más tarde, cuando uno de nosotros por fin delegó lo que más le costaba soltar: el plan estratégico y el presupuesto anual. Lo hicieron tres personas de su equipo directivo. Y lo hicieron mejor que él.
Lo que cambiamos: hoy pensamos que el trabajo de un líder no es hacer. Es formar a otros líderes.
Lo que nos ayudó a cambiar
No hubo una revelación. Hubo tres cosas:
- Los resultados. Cuando algo sale mal, los números no tienen ego. Te obligan a mirar qué hiciste tú.
- Trabajar en culturas distintas. Dirigir en once países te quita rápido la idea de que hay una sola forma correcta de hacer las cosas.
- Escuchar a nuestros equipos. Las mejores lecciones nos las dieron personas que se atrevieron a decirnos lo que no funcionaba.
Nuestro consejo para quien asciende mañana
Si mañana te nombran jefe por primera vez, te diríamos esto:
- Tu trabajo ha cambiado. Ya no te pagan por hacer, sino por conseguir que otros hagan. Cuanto antes lo aceptes, mejor.
- Pregunta más de lo que respondes. Sobre todo los primeros meses.
- No delegues con prisa ni controles con miedo. Mira a cada persona y a cada tarea.
- Pide la verdad y agradécela. También cuando duele.
- Equivócate, pero no te escondas. Tu equipo te perdonará un error. No te perdonará que culpes a otros.
Y una última cosa: aparca el ego. El éxito de tu equipo es tu éxito. Al revés no funciona.
Tus acciones para esta semana
- Escribe tus tres errores más repetidos como jefe. Compártelos con alguien de confianza.
- Elige una tarea que haces tú «porque es más rápido» y enséñala a otra persona.
- Pregunta a tu equipo qué deberías dejar de hacer. Y no te defiendas: solo toma nota.
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