Hay una frase que he oído a muchos jefes: «No se lo he dicho porque es buena persona y no quería hacerle daño». Y luego, meses después, esa misma persona se entera de que su trabajo no estaba al nivel cuando ya no hay remedio. Cuando ya no le renuevan, cuando le pasan por delante en un ascenso o cuando el cliente ya se ha ido.
Eso no es amabilidad. Es dejar a alguien solo frente a un problema que tú veías venir.
Los cuatro tipos de jefe
Kim Scott, que dirigió equipos en Google y en Apple, lo explicó en su libro Radical Candor (2017) con dos ejes muy sencillos: cuánto te importa la persona y cuánto te atreves a decirle las cosas claras.
| Le dices las cosas claras | No se las dices | |
|---|---|---|
| Te importa la persona | Franqueza radical: exiges porque te importa | Empatía ruinosa: callas para no herir |
| No te importa | Agresividad: dices las cosas, pero hieres | Falsedad: ni te importa ni lo dices |
La mayoría de jefes no son agresivos ni falsos. Son buena gente que cae en la empatía ruinosa. Y en la cultura mediterránea, donde nos encanta dar buenas noticias y edulcorar la realidad, ese cuadrante está lleno.
Por qué callar es peor
Cuando no le dices a alguien lo que no funciona, pasan tres cosas:
- La persona no mejora. No puede corregir algo que no sabe que está mal.
- El equipo lo nota. Los demás ven que hay alguien que no cumple y que no pasa nada. Y aprenden que el esfuerzo da igual.
- El problema crece. Lo que hoy era una conversación incómoda de diez minutos, dentro de seis meses es un despido.
Por eso digo que los managers tenemos derecho a saber la verdad, pero también la obligación de decirla. Las dos cosas van juntas.
Exigir no es humillar
La otra cara también existe. Hay jefes que confunden franqueza con dureza. Dicen las cosas claras, sí, pero delante de todos, con malas formas y sin dar opción a responder. Eso no mejora a nadie. Solo genera miedo, y el miedo hace que la gente esconda los problemas.
La franqueza radical tiene una condición: que la persona sepa que te importa. Si lo sabe, puedes decirle casi cualquier cosa. Si no lo sabe, cualquier crítica será un ataque.
Mi fórmula para una conversación difícil
Cuando tengo que tener una conversación difícil con alguien de mi equipo, sigo siempre la misma estructura:
- En privado, pronto y con tiempo. Nunca delante de otros. Nunca con prisas. Nunca semanas después.
- Empiezo por el porqué. «Te lo digo porque quiero que te vaya bien, y creo que esto te está frenando.»
- Hechos, no etiquetas. No «eres desorganizado», sino «los tres últimos informes llegaron tarde».
- El impacto. «Eso hizo que el equipo comercial no pudiera preparar la visita al cliente.»
- Pregunto antes de proponer. «¿Cómo lo ves tú? ¿Qué está pasando?». Muchas veces hay algo que yo no sabía.
- Acordamos qué cambia y cuándo lo revisamos. Concreto y con fecha.
Y termino recordando mi regla: el error se tolera, la desidia no. Si la persona quiere mejorar, tiene todo mi apoyo.
El feedback también va hacia arriba
La franqueza radical no solo va del jefe al equipo. También tiene que ir del equipo al jefe.
Si quieres que tu equipo te diga la verdad, pídela. Y cuando te la den, agradécela, aunque no te guste. La primera vez que reaccionas mal a una crítica, has cerrado esa puerta durante meses.
Un líder que no recibe malas noticias no es un líder con suerte. Es un líder al que nadie se atreve a contarle lo que pasa.
Referencia: Kim Scott, «Radical Candor» (2017).
Tus acciones para esta semana
- Piensa en una conversación que estás aplazando. Prepárala con los seis pasos y tenla antes del viernes.
- Dile a alguien de tu equipo algo concreto que hace bien. El reconocimiento también es franqueza.
- Pregunta a tu equipo: «¿Qué debería hacer yo de forma distinta?». Y solo escucha.
Más de Liderazgo y equipos
Los 6 estilos de liderazgo de Goleman, analizados por mí
Goleman demostró que el estilo del líder mueve los resultados. Después de más de 15 años dirigiendo equipos, estos son los estilos que uso, el que nunca he necesitado y el que me salió caro.
Leer la guía
Once países, un mismo problema
He dirigido equipos en Europa, América y Asia. Cambian el idioma, el horario y la forma de decir las cosas. Pero el reto de fondo es siempre el mismo: las personas.
Leer la guía
El gerente imprescindible es el cuello de botella
Si tu empresa no funciona cuando faltas una semana, el problema no es tu equipo. Te cuento cómo dejé de ser el motor de todo, qué me costó más soltar y por qué el resultado fue mejor que si lo hubiera hecho yo.
Leer la guía