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Liderazgo y equipos · Guía · 4 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Los errores que cometí aprendiendo a dirigir

Nadie nace sabiendo dirigir. Yo tampoco. Estos son los errores que más me enseñaron, lo que cambié después de cometerlos y el consejo que le daría a quien asciende mañana.

Cuando hablas de liderazgo desde la experiencia, es fácil contar solo los aciertos. Los proyectos que salieron bien, los equipos que crecieron, las empresas que volvieron a ponerse en marcha. Pero yo he aprendido más de mis errores que de mis aciertos. Y creo que contarlos genera más confianza que cualquier logro.

Así que aquí van. Sin adornos.

Error 1: delegar con prisa

En mis inicios, delegué demasiado rápido. Tenía claro que un buen líder no lo hace todo él, y quise aplicarlo desde el primer día. Entregué tareas importantes a personas que no estaban preparadas técnicamente, o que no lo estaban para la intensidad, la implicación o la constancia que esas tareas exigían.

Los resultados fueron claramente negativos. Y la culpa no fue de esas personas. Fue mía, por no haber mirado antes si tenían lo que hacía falta.

Lo que cambié: ahora, antes de delegar, compruebo dos cosas: que la persona sabe hacerlo y que tiene la energía para sostenerlo. Y le doy todo el conocimiento que tengo, sin guardarme nada.

Error 2: decidir tan rápido que nadie más decidía

Siempre he tenido mucho impulso. Decido rápido y me gusta que las cosas pasen. Durante un tiempo pensé que eso era solo una virtud.

Hasta que me di cuenta de que mi velocidad tenía un efecto secundario: el equipo esperaba a que yo decidiera. Las personas, muchas veces, tienen miedo de decidir. Y si a su lado tienen a alguien que lo hace sin dudar, es muy cómodo esperar.

Lo que cambié: aprendí a frenar un segundo antes de responder y a preguntar primero: «¿Tú qué harías?». Y a dejar claro que el error se tolera. Si no, nadie se arriesga.

Error 3: aplicar el mismo estilo a todos los equipos

Mi estilo natural es colaborativo. Me gusta que la gente participe, proponga y crezca. Y lo apliqué también con un equipo de producción. El resultado fue que se perdió el foco en el trabajo diario que había que sacar adelante.

Lo que cambié: entendí que el estilo se elige por el equipo y por el momento, no por gusto. En producción, el qué de cada día tiene que estar claro y sin debate; la participación tiene su espacio, pero en su momento.

Error 4: creer que hacerlo yo era más rápido

Es el error más común de cualquier jefe nuevo, y yo no fui una excepción. «Lo hago yo y acabo antes.» Es verdad, la primera vez. La décima, ya no. Cada tarea que no enseñas la vas a seguir haciendo tú durante años.

La prueba de que estaba equivocado llegó mucho más tarde, cuando por fin delegué lo que más me costaba soltar: el plan estratégico y el presupuesto anual. Lo hicieron tres personas de mi equipo directivo. Y lo hicieron mejor que yo.

Lo que cambié: hoy pienso que el trabajo de un líder no es hacer. Es formar a otros líderes.

Lo que me ayudó a cambiar

No hubo una revelación. Hubo tres cosas:

  • Los resultados. Cuando algo sale mal, los números no tienen ego. Te obligan a mirar qué hiciste tú.
  • Trabajar en culturas distintas. Dirigir en once países te quita rápido la idea de que hay una sola forma correcta de hacer las cosas.
  • Escuchar a mi equipo. Las mejores lecciones me las dieron personas que se atrevieron a decirme lo que no funcionaba.

Mi consejo para quien asciende mañana

Si mañana te nombran jefe por primera vez, te diría esto:

  1. Tu trabajo ha cambiado. Ya no te pagan por hacer, sino por conseguir que otros hagan. Cuanto antes lo aceptes, mejor.
  2. Pregunta más de lo que respondes. Sobre todo los primeros meses.
  3. No delegues con prisa ni controles con miedo. Mira a cada persona y a cada tarea.
  4. Pide la verdad y agradécela. También cuando duele.
  5. Equivócate, pero no te escondas. Tu equipo te perdonará un error. No te perdonará que culpes a otros.

Y una última cosa: aparca el ego. El éxito de tu equipo es tu éxito. Al revés no funciona.

Tus acciones para esta semana

  1. Escribe tus tres errores más repetidos como jefe. Compártelos con alguien de confianza.
  2. Elige una tarea que haces tú «porque es más rápido» y enséñala a otra persona.
  3. Pregunta a tu equipo qué deberías dejar de hacer. Y no te defiendas: solo toma nota.

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